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Humberto Grimaldo Duran Ph.D.
Coordinador Observatorio Regional de Responsabilidad Social en América Latina y el caribe (ORSALC)
Instituto Internacional de la UNESCO para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (IESALC)
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¿POR QUÉ UN OBSERVATORIO?

Hace 2.500 años Aristóteles llamado El Estagirita, para muchos, el primer gran científico del mundo occidental, afirmaba:   Si el ojo, en efecto, fuese un animal, la vista seria su alma, es decir, la vista sería su principio y su origen, porque ella, la vista, es la sustancia y razón de ser del ojo, y el ojo es la materia de la vista. Y si a ese ojo le faltase la vista, ya no habría ojo, sino solo la palabra, que podría aplicarse a un ojo de piedra o a un ojo pintado. Hoy nosotros, si me permiten la analogía, estamos instaurando un OJO, ahora solo nos falta la vista.

El OJO, LA VISTA, es de los cinco sentido de la percepción humana el más considerado por todo el género. El ojo tiene en todas las culturas del planeta una especial significación.

En los Upanishad, como en el taoísmo, los ojos se identifican a la Luna y al Sol; en cambio entre los Budistas, el OJO del Dharma, es la aprehensión de un limbo o límite, entre lo uno y lo múltiple, lo lleno y lo vacio. En la mitología greco-latina, el Ciclope es el titán de un solo ojo y es una fuerza primitiva o regresiva; sin embargo en oposición suya está Argos, el de los cien ojos, el siempre vigilante, aquel que nunca parpadea.

Toda nuestra cultura occidental está particularmente dirigida hacia el ojo. El ojo es el símbolo de la percepción intelectual y la vista es la convergencia de las fuerzas de luminosidad exterior o física y aquellas de luminosidad interior o espiritual.

El ojo tiene un especial valor en le Gnosticismo, en la vecindad entre la visión y el esplendor de la verdad. Pero el ojo es también motivo de inspiración y análisis constantes de filósofos y científicos y desde Vitrubio hasta Alberti o Velázquez, el ojo es el quicio posible de la perspectiva artística. Incluso las Teogonías, las teologías y toda Cosmología han hablado en algún momento del ´OJO DE DIOS´.

Las tendencias culteranas de la poesía y el arte; el barroco en su juego de luz y sombra, el romanticismo que busca la meta visión, el arte popular de tantas latitudes, las supersticiones y el folklore han dado al ojo un especial estatuto. En torno al ojo se han escrito innumerables tratados que han profundizado acerca de la visión, de la mirada, de la observación, de la focalización, de la luz y del color. En todas estas referencias el ojo adquiere más significados y se habla, en muchos estudios, del Ojo del alma, como en Clemente de Alejandría o en Platón. La caverna del libro VII de la república tiene un profundo referente óptico en ese juego alegórico de luces, sombras, imágenes y apariencias. Pero de otra firma y quizás con la misma importancia se habla también del OJO del corazón y allí también encontramos muchos referentes que quieren privilegiar la clarividencia de la voluntad en contra posición de la clarividencia de la razón.

El ojo finalmente tiene que ver con las formas sustantivas y verbales de la aparición, la alucinación, la contemplación y la angulación y a veces se habla incluso extrapolando la visión como ver con los oídos y del leer y contemplar con las manos, así como es de famoso el código braille.

Hasta aquí todo este excursus que quiere justificar un discurso de instauración de una OBSERVACION SISTEMATICA acerca de la Responsabilidad Social.

¿Qué es la responsabilidad social? Para muchos es un tema de moda; sin embargo es un tema polifacético, polígrafo y por ende polisémico.

Estas preguntas son preguntas que atañen al hombre como administrador, como gestor; son preguntas de todos los tiempos, perennes. El hombre no es solo un homo erectus, homo faber, homo sapiens, es también homo viator. Si queremos ser un poco más dramáticos podríamos decir incluso que el hombre es un eterno extranjero, la esencia humana es siempre un estar en si inmanencia, pero también un estar fuera de sí trascendencia; y tanto la una como la otra definen ese estado viajero del ser humano. Viajamos y profundizamos internamente en nuestra persona, pero también salimos de sí mismos y entramos en relación con otros, pares o dispares, símiles o antagónicos y esa relación Tu y YO está mediada siempre por un RESPONDER, esas respuestas que damos y nos dan son respuestas en sociedad, son responsabilidad social.

El ser humano como administrador de sí mismo y como administrador del mundo está llamado necesariamente a dar respuesta a su entorno; un entorno que ya no es ni la polis griega, ni la urbe moderna, sino la aldea planetaria. Hoy más que nunca el hombre no solo se reconoce como un administrador de la naturaleza, del mundo, sino que tiene conciencia de que dicha administración puede ser planetaria, global. Esa nueva ciudadanía trae consigo profundos compromisos.

Por todo esto la responsabilidad social es ante todo un “actus personae”, acciones humanas, realizaciones y producciones de los hombres que viven en sociedad y que tratan todas las lógicas, las familiares, las afectivas, las sociales, económicas y políticas ordenadas en la medida de lo posible al BIEN COMUN, al bien de todos y evitando el eco sordo y escandaloso de las disparidades hirientes entre los hombres como son el hambre, la miseria, el desempleo, la ignorancia, el analfabetismo entre tantos muchos otros. El BIEN COMUN es inclusivo, abriga a todo ser humano y debe ser efectivo y eficaz y debe cubrir ese conjunto de instituciones que estructuran jurídica, civil, política, cultural y educativamente la vida social. Todas las lógicas incluso la mercantil deben estar orientadas a la consecución del bien común.

Agradezco al Director del IESALC Dr. Pedro Henríquez Guajardo por su confianza y orientaciones pertinentes. Agradezco a la Viceministra de Asuntos Multilaterales Patti Londoño Jaramillo y al Dr. Luis Armando Soto por su hospitalidad y atención con este Proyecto. Agradezco al Dr. Francisco Gómez Ortiz por el espacio que nos ha dado en la Universidad Católica de Colombia para la operación de este Observatorio. Agradezco a mis amigos en Paraguay, Brasil, Venezuela, Panamá y Cuba del lado de acá e Italia y Francia del lado de allá por su cercanía y sinceridad. Agradezco a mis colaboradores por su paciencia y diligencia.

Finalmente agradezco a todos uds que con su presencia aquí, real o virtual garantizan que el OJO QUE HEMOS PUESTO ENTRE TODOS COMIENCE A VER. ¡Mil gracias!

 

Humberto Grimaldo Duran Ph.D.

Palabras del discurso de instauración del 2 de febrero de 2012.

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