Internacionalización y éxito: trayectorias académicas de politólogos en Argentina

Rodriguez MedinaLeandro Rodríguez Medina

Licenciado en Ciencia Política (Universidad de Belgrano, Argentina, 2000), Master of Arts in Philosophy (State University of New York at Stony Brook, EUA, 2004), Magíster en Epistemología e Historia de la Ciencia (Universidad Nacional de Tres de Febrero, Argentina, 2005) y Doctor en Sociología (University of Cambridge, Reino Unido). Profesor de tiempo completo en el Departamento de Relaciones Internacionales y Ciencia Política en la Universidad de las Américas Puebla desde 2009, y Coordinador Académico de The Puentes Consortium. Sus áreas de interés son los estudios socio-políticos de ciencia y tecnología, política científico-tecnológica de países en vías de desarrollo, educación superior en América Latina y circulación internacional de ideas y conocimiento. Ha sido becario doctoral del Centro de Investigación y Estudios Superiores en Antropología Social (2009) y ha recibido apoyos de investigación de la Embajada de Canadá en México (2011), Society for Latin American Studies del Reino Unido (2007), Saint Catharine’s College, Cambridge (2006, 2007), el Banco Interamericano de Desarrollo (2003) y gobiernos estatales y municipales de México (2004-2005). Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (Nivel 1) y del Governing Council de la Society for Social Studies of Science. Entre sus publicaciones recientes se pueden mencionar “Objetos subordinantes: la tecnología epistémica para producir centros y periferias” (2013) “Hispanic-American Philosophy. In the Fringes of the Empire” (con Adolfo de la Sienra, 2012), "¿Cómo debe ser una (nueva) teoría social para encuadrar el desarrollo sustentable?" (2011) y "Calidad y pertinencia de la producción y distribución del conocimiento en las IES" (2011). E-mail:  Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.   

Internacionalización y éxito: trayectorias académicas de politólogos en Argentina

La internacionalización de la educación superior y, consecuentemente, de las trayectorias académicas es una tendencia consolidada. El presente trabajo destaca en particular el papel de la internacionalización en la formación y en la idea de éxito de los politólogos argentinos y es fruto de una investigación empírica realizada entre 2007 y 2011.

Si uno analiza el campo de la ciencia política argentina se observa que quienes ocupan muchas de las posiciones dominantes han realizado estudios de posgrado en el exterior. El camino que va del momento de la decisión de irse del país hasta el acceso a estas posiciones tiene, a partir de los datos encontrados, cuatro fases: (1) ensamble de la red de partida, (2) ensamble de la red de regreso, (3) acoplamiento de carreras y (4) ensamble de la red internacional.

El ‘ensamble de la red de partida’ es el momento que va desde la decisión de partir hasta la llegada del académico a algún campo académico del exterior. Este ensamble está conformado por objetos, (desde cartas de recomendación y transcripts de los grados académicos hasta libros o artículos usados para el proyecto de investigación) y personas (desde directores de tesis hasta traductores).

 [Para] que [la New School for Social Research ] te acepte con beca [había que] presentar un trabajo de 15 páginas en inglés. Yo en mi […] vida había escrito una monografía. [Entonces] yo escribí sobre las tres versiones de la ética, un paper muy influenciado por MacIntyre […] No me dieron la beca pero ahí me acuerdo que había ido a la casa del profesor de inglés que me daba [clases] en la UBA, [en] el laboratorio de idiomas, para que me corrigiera el trabajo. El tipo me cobró un vagón de guita, para corregirme el trabajo; es decir invertí, mucho tiempo, mucha vida y mucho dinero, del poco que tenía, del que ganaba, en este proceso de aplicación.

Una característica central de esta fase, en la periferia, es la dificultad para ensamblar esta red. No abundan quienes tienen experiencia de primera mano sobre cómo hacerlo (es decir, académicos con formación afuera del país). Y quienes la poseen, la administran con cuidado, convirtiéndose en una suerte de gatekeepers (aunque sin la infraestructura material). Además, no siempre hay información precisa y a tiempo sobre los procedimientos formales (por ejemplo, plazos para aplicación a becas internacionales). Tampoco hay una tradición de escritura académica que facilite el proceso de preparación del proyecto de investigación doctoral, como muestra el pasaje anterior en referencia al inglés. Finalmente, por estos limitantes, los aspirantes deben tomar caminos alternativos que, en ocasiones, desgastan y fuerzan a abandonar la búsqueda de oportunidades o alejarse de las opciones escogidas (por ejemplo, se acepta ir a estudiar donde brindan becas, aunque esa institución no tenga proyectos de investigación o académicos relacionados con el tema de interés).

El periodo en el exterior es percibido como un momento de inmersión académica incomparable con la experiencia previa (licenciatura/maestría) ni con la posterior – al menos para quienes regresan al campo periférico. Estudiar en el extranjero significa la posibilidad de volcarse totalmente a investigar y adquirir nuevos hábitos de trabajo. Esta interpretación, generalizada, va acompañada por una percepción escasamente satisfactoria de la docencia. Los entrevistados no recuerdan clases de alto nivel en función de lo expuesto por el profesor, aunque sí destacan el lazo cercano establecido con el director de tesis. Aunque se producen redes durante esta fase, sólo para quienes deciden volver se inicia la segunda fase.

El ensamble de la red de regreso es quizás uno de los fenómenos menos estudiados de la movilidad académica. Se asume que el regreso es un proceso más o menos natural, dados los vínculos obvios con el país de origen. En algunos casos hay programas de repatriación más o menos exitosos. Pero la escasa institucionalización de los campos periféricos suele afectar este proceso, debilitando los programas como mecanismo de retorno y empoderando a los académicos en puestos administrativos como gatekeepers que tienen la capacidad de ‘abrir puertas’ al otorgar plazas. Esto da lugar a vínculos personales (la repatriación se vuelve un favor) que en ocasiones reemplazan a los institucionales y pueden convertirse en formas de clientelismo académico. Esta situación hace que muchos intenten regresar sin mayores contactos y dispuestos incluso a estar desempleados.

No tenía ningún acuerdo con ninguna universidad y vuelvo. Vuelvo sin nada, vuelvo con deudas, vuelvo con un doctorado y vuelvo con una tesis y vuelvo sabiendo qué es una carrera académica […] y vengo a Argentina con eso, con un buen doctorado, con una buena tesis y con relaciones que podían darse o no […] Yo era más una perturbación, que una bienvenida (énfasis añadido).

Un jefe de departamento describe la reinserción señalando las oportunidades limitadas en el momento de regreso, a la espera de que el académico repatriado pueda, económica y emocionalmente, superar la inestabilidad laboral inicial.

La universidad no les puede garantizar la reinserción. Lo que sí mantenemos el contacto durante todo el tiempo que están fuera. […] Por ejemplo, una de nuestras estudiantes que se fue a hacer una maestría en el LSE, volvió y trabajó en un proyecto de investigación que estábamos haciendo sobre ese tema. No es una inserción en la universidad totalmente pero sí es probable que dé algunos cursos sueltos o algunas clases sobre un tema, una cosa así.

Desde la óptica de quien regresa, la situación reviste un poco más de angustia, dado que en ocasiones ya hay familias formadas y una edad más avanzada como para tomar ciertos riesgos.

Y volvimos teniendo donde tirarnos (dormir), pero no teniendo nada de laburo, y habiéndonos morfado (consumido) una parte muy importante de nuestros ahorros. Y en la UBA, donde había renunciado a todo, no me devolvieron todo amablemente, tuve que empezar de nuevo: el primer semestre conseguí un ad honorem, el segundo semestre conseguí una simple, el tercer semestre conseguí otra simple (énfasis añadido).

Rara vez la red de partida está compuesta por las mismas personas y objetos que la de regreso. El financiamiento a cargo de agencias internacionales, el tiempo en el exterior, la falta de posiciones seguras en las instituciones en las que trabajaban y la dificultad para mantener y reforzar los vínculos preestablecidos lleva al debilitamiento de las redes de partida y a la necesidad de pensar nuestras estrategias para el regreso.

[Mi regreso] no fue planeado, me dediqué a terminar mi tesis, me tome unas vacaciones y dije “Se acaba mi tiempo, se acaba mi visa, es hora de volver”. Una semana antes [de regresar] le mandé un mail a una amiga mía que trabajaba en FLACSO, en el área de relaciones internacionales, y prácticamente al día siguiente de volver ya tenía trabajo.

Peor aún son los casos donde la inestabilidad y la debilidad institucional se transforman en cambios de las reglas del juego que alteran cualquier planificación.

 [La reinserción] fue muy dura. Yo estuve un año desocupado cuando volví. Vine con la promesa de [la Universidad d]el Salvador de tener un lugar y cuando llegué el lugar no estaba. Iba a venir con una [plaza con dedicación] exclusiva y me encontré con nada. Sobreviví haciendo de todo.

Quienes retornan atraviesan un proceso de acomodamiento a la realidad laboral y profesional en un campo periférico, algo que un entrevistado originalmente llamó ‘argentinización’. Durante esta etapa de transición, que comienza inmediatamente después de la llegada al país con o sin empleo, los académicos desarrollan una estrategia que se puede denominar ‘acoplamiento de carreras’, que consiste en un desarrollo en paralelo entre dos académicos que van apoyándose mutuamente sin que esto implique que ambos están en la misma fase de sus carreras. De hecho, lo normal es que un recién llegado se acople a un académico senior, cuya ubicación en el campo le permite disponer de espacios institucionales para ocupar.

 Cuando yo llegué, vine con ese acuerdo con M., que para mí era muy beneficioso, no económicamente pero si operativamente. […] Cuando él abrió la escuela, buscaba gente que fueran profesores, investigadores, gente que tuviese doctorado. La universidad me pagaba un salario que supuestamente era menor al que se le pagaba a un full-time, aunque difería caso a caso, mientras terminaba la tesis. […] La única obligación [era terminar] la tesis, porque era supuestamente una especie de inversión. Tuvo problemas M. con eso, porque dos (de los cuatro contratados] no se quedaron; se fueron mal, después que defendieron la tesis.

El pasaje muestra el papel del senior con recursos simbólicos y materiales para ‘abrir el juego’, y también ejemplifica lo endeble de estos vínculos. Acuerdos que se establecen pero que no gozan de una institucionalización completa se rompen fácilmente, dejando a la universidad que había realizado una fuerte inversión sin los investigadores altamente capacitados que necesitaba su nueva escuela de gobierno.

Pasar de la fase 3 a la 4 es el umbral del éxito, lo que constituye la definición mínima basada en la permanencia en el campo académico de tiempo completo. Las carreras acopladas, que por años pueden ir teniendo un desarrollo paralelo, llevan a que los profesores seniorcontinúen aceptando múltiples titularidades de plazas porque, gracias a la estructura de cátedra, esas plazas son colectivas y permiten el acceso a un grupo de trabajo que acompaña a los profesores.

La gran mayoría de los académicos – incluyendo muchos que logran plazas de tiempo completo – no llega a la fase 4. El sesgo docente del sistema de educación superior, el incremento del tiempo que demandan las tareas administrativas, la superpoblación estudiantil y las dificultades infraestructurales hacen que sólo pocos puedan destinar tiempo y esfuerzos (materiales y simbólicos) a la construcción de conocimiento y la consolidación de redes de alcance internacional. La poca presencia de politólogos argentinos en congresos importantes de la disciplina, como los de la International Political Science Association son un indicador de esa dificultad. Pero incluso si aceptamos una noción amplia de internacionalización que incluya no sólo la movilidad de personas sino también de objetos (por ejemplo, la circulación de libros y revistas locales o de artículos producidos por politólogos argentinos), el problema continúa.

La fase de ensamble de la red internacional comienza durante las anteriores y en muchos casos no acaba jamás. La evidencia de nuestra investigación refuerza la idea de que existen colegios invisibles que conectan internacionalmente a académicos y de que esta red debe ser analizada como entramado de humanos y no humanos. Los académicos consagrados entrevistados para este estudio argumentaron que sus conexiones internacionales se objetivaron de tres formas: (a) tiempo en el exterior, (b) enrolamiento de actores del exterior para fines estratégicos en el campo local, y (c) acceso a fondos de investigación. En otras palabras, más importante que la educación recibida en el exterior, el roce internacional lo que brinda es un conocimiento de prácticas útiles a la hora de elevar la calidad de la producción académica (por ejemplo, invitaciones a investigadores de prestigio mundial) y un hábito que se vuelve estándar para evaluar la propia actividad académica y la de los colegas y las instituciones.

  Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.   Móvil: (507) 65152868

  Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.   Móvil: (507) 65152868

TPL_BEEZ2_ADDITIONAL_INFORMATION