LOS INTRÍNGULIS DE LA COOPERACIÓN ACADÉMICA ASIA DEL ESTE-AMÉRICA LATINA

Juan-Ramirez-BonillaJuan José Ramírez Bonilla es profesor-investigador de tiempo completo en el Centro de Estudios de Asia y África de El Colegio de México, adscrito al Área de Estudios sobre el Sureste de Asia; tiene grado de Doctor en Desarrollo Económico y Social, por el Institut d’Études sur le Développement Économique et Social de la Université de Paris-I, Panthéon-Sorbonne; sus principales líneas de investigación versan sobre “Los procesos de integración económica en Asia del Pacífico” y sobre “Población y políticas sociales en Asia del Sureste”. Entre sus publicaciones más recientes destaca Asia, volumen 6 de la Historia de las relaciones internacionales de México, 1810-2010, editado por la Secretaría de Relaciones Exteriores, México, 2011.

Para destacar el interés de los gobiernos de Asia del Este por la formación de hispanoamericanos especializados en los estudios sobre Asia, hemos seleccionado como hilo conductor la intensificación progresiva de la competencia entre los gobiernos de Japón, la República de Corea y la República Popular China, en el ámbito de la  cooperación académica orientada hacia la América hispana. Nuestro trabajo, por lo tanto, está organizado alrededor de tres parámetros. El primero es una variable de carácter internacional: la fluidez del sistema global y la forma específica de la inserción de los países asiáticos en el mismo. El segundo parámetro es una constante de carácter político que funciona como un supuesto: la ausencia de compromisos por parte de los gobiernos hispanoamericanos para sostener programas académicos y culturales orientados hacia la promoción de los estudios sobre Asia. El tercer parámetro es el interés mínimo de las instituciones de educación superior (IES) por establecer programas institucionales abocados al desarrollo de los estudios sobre Asia; los programas académicos específicos son, más bien, excepciones y, por regla general, dependen de las veleidades de los responsables administrativos de la IES hispanoamericanas.

Teniendo en cuenta el hilo conductor y los tres parámetros mencionados, organizamos este artículo en tres partes: en la primera, consideramos 1972-1985 como el período del auge de la relación Japón-América hispana, debido tanto al interés económico de Japón por la región como al lugar preponderante de la misma en los programas nipones de cooperación académica; el interés académico-cultural cristalizó en la formación de los “japonólogos” hispanoamericanos y en formas específicas de desarrollar los estudios sobre Japón.  La segunda parte corresponde a la fase 1985-2003 y, en ella, destacamos la influencia del foroAsia Pacific Economic Cooperation (APEC) en los intereses académicos, en la organización de programas de estudios regionales y en el surgimiento de un nuevo tipo de especialista en temas regionales; en ese contexto, los estudios sobre Japón perdieron la relevancia del pasado. La tercera parte abarca de 2003 hasta nuestros días; en ella, la competencia internacional en el ámbito académico latinoamericano se intensificó debido al desarrollo de los programas de cooperación académica de los gobiernos coreano y chino.

1972-1985, AUGE DE LA RELACIÓN JAPÓN-LATINOAMÉRICA HISPANA

A principios de los 70s, Japón estaba en la fase de transición del período de crecimiento económico acelerado (1955-1973) al de crecimiento rápido (1975-1991). Las condiciones económicas domésticas estaban marcadas por el agotamiento de los factores que habían hecho posible la reindustrialización acelerada del país; en el escenario internacional, los gobiernos de los países exportadores de petróleo preparaban la ofensiva política que, en 1973, cristalizaría en el incremento súbito de los precios internacionales del petróleo. En ese contexto, en 1974, la economía japonesa experimentó la primera recesión de la posguerra y los planificadores nipones se plantearon la reestructuración de la economía:

  • En el ámbito doméstico, era imprescindible transformar los procesos productivos para utilizar eficientemente recursos energéticos importados y caros, desarrollar el uso intensivo del capital en sectores industriales estratégicos y afrontar la escasez relativa de mano de obra.
  • En la esfera internacional, practicaron una política exterior tendiente a apoyar la transformación de los procesos productivos domésticos y basada en: la exportación de inversiones directas dirigidas hacia países dotados de los recursos naturales necesarios para el sostenimiento de la industrialización del país; la apertura limitada -pero progresiva- del mercado laboral para atraer mano de obra destinada a trabajar en los sectores DDD (dirty, dangerous, degradant); una diplomacia cultural orientada a pulir las asperezas políticas resultantes de la nueva orientación de la política exterior.

La Fundación Japón (FJ) tuvo un papel central en la nueva diplomacia cultural-académica. La FJ fue creada en 1972, “con la finalidad de promover la cultura japonesa en el mundo, así como realizar actividades de intercambio cultural a nivel internacional”.[1] La creación de la FJ complementaba los programas del Ministerio de Educación, para orientar la nueva diplomacia hacia los tres campos de trabajo de la Fundación: intercambio cultural y artístico, enseñanza del idioma japonés a extranjeros, estudios japoneses e intercambio intelectual.[2]

Pese a la relación estratégica con el gobierno estadounidense, los responsables de las decisiones en la FJ optaron por privilegiar la presencia institucional en América Latina; así, en 1975, abrieron la oficina de Sao Paolo. Tres factores explican esta decisión: América Latina era la fuente más importante de materias primas; el mercado interno de Brasil era sostenido por la industrialización basada en la substitución de importaciones y, además, dicho país contaba con la más grande comunidad de origen japonés viviendo fuera de Japón.

Estados Unidos esperó hasta 1983 para que la FJ estableciera en Los Ángeles, la primera de sus dos oficinas. En 1987, tocó el turno a México para acoger una representación de la FJ; entonces, la relación bilateral Japón-México era intensa: empresas japonesas estaban presentes en las industrias del automóvil y del acero, tenían intereses en puertos industriales y en el petróleo mexicano; en paralelo, los ámbitos de cooperación intergubernamental tendían a desarrollarse y hacían de Japón el socio privilegiado del continente asiático. En contrapunto de este interés por Estados Unidos y América Latina, podemos constatar una actitud todavía mitigada hacia la región asiática del Pacífico, expresada en la apertura de representaciones de la FJ, tan solo en  Bangkok  (1974) y Jakarta  (1979).

El gobierno japonés contribuyó a la formación especialistas hispanoamericanos en temas de Japón, a través de los diversos programas de becas y de intercambio académico. A lo largo de los 37 años de presencia de la FJ en América Latina, numerosos hispanoamericanos han aprendido la lengua, obtenido un grado académico (licenciatura, maestría o doctorado), realizado estancias de entrenamiento técnico o de investigación in situ. La evaluación y el reconocimiento de esa contribución son tareas pendientes tanto de la academia como de los gobiernos japonés e hispanoamericanos.

Del lado hispanoamericano, ese gran esfuerzo no ha encontrado un campo institucional propicio para hacerlo fructificar en programas de estudios sobre Japón sólidos y duraderos; los gobiernos se han limitado a dar un trámite burocrático a los programas académicos ofrecidos por las instancias niponas; en raras ocasiones, se han comprometido con la aportación de recursos para sostener en el largo plazo iniciativas académicas sobre temas de Japón y/o de Asia, en las IES latinoamericanas. En éstas prevalece una situación similar: por regla general, las autoridades institucionales se desentienden de los programas de investigación, docencia y difusión relacionados con Japón o Asia. Las iniciativas excepcionales han sido proyectos generalmente individuales, respaldados por los responsables de una escuela, una facultad, un centro o un instituto, pero no necesariamente por las máximas autoridades. La consecuencia necesaria de esa tensión interés individual-desinterés institucional fue el surgimiento de programas de estudios de carácter efímero; los cambios frecuentes de personal en las instancias responsables de la investigación, la docencia y la difusión implicaban la reorientación reiterada de los programas académicos y la variación de la atención prestada a los estudios sobre Japón.

Durante esta fase, los esfuerzos de la FJ y de las instancias niponas responsables de la diplomacia cultural cristalizaron en la formación de “japonólogos” latinoamericanos con un conocimiento sólido de lengua, la cultura, la sociedad y la historia niponas. Sin embargo, sin garantías institucionales, los contados programas de estudios sobre Japón prácticamente desaparecieron, dando lugar a una constelación de individuos interesados en temas japoneses, dispersa en las diferentes áreas universitarias y con dificultades para trabajar conjunta e interdisciplinariamente. Este modus operandi de los hispanoamericanos especializados en temas sobre Japón prevalece hoy día; pero, sus condiciones de trabajo son cada vez más competidas por personal académico con perfiles diferentes y con nuevos intereses por los países asiáticos.

1985-2003, REORIENTACIONES GEOGRÁFICA E INSTITUCIONAL DE LOS INTERESES JAPONESES

En 1985, la economía mundial experimentó un cambio radical: los Acuerdos del Hotel Plaza impusieron la devaluación del dólar con respecto a las monedas de los países más industrializados; con la apreciación del yen y el incremento de los superávits comerciales, Japón dispuso de excedentes financieros que lo transformaron en una potencia exportadora de capitales. La internacionalización de la economía nipona, iniciada durante la fase precedente, fue intensificada, gracias a la transnacionalización de las grandes corporaciones; los intereses corporativos provocaron una primera reorientación geográfica de la política exterior nipona: el sureste de Asia fue privilegiado como fuente de materias primas, como reserva de mano de obra barata y calificada así como destino de inversiones directas; América Latina pasó a un lugar secundario en la escala de los intereses nipones.

Esa reorientación estuvo en consonancia con los cambios experimentados por las economías del sureste de Asia; afectados por una crisis derivada de la caída de los precios internacionales de las materias primas y siguiendo el ejemplo de Singapur, los gobiernos de Filipinas, Indonesia, Malasia y Tailandia emprendieron un proceso de industrialización financiado mediante el ahorro doméstico y la inversión extranjera directa (IED) proveniente, inicialmente, de las corporaciones niponas en vías de transnacionalización. Las estadísticas niponas en materia de IED muestran una reorientación radical de las exportaciones de capital productivo a favor de las economías del sureste de Asia y en detrimento de las de América Latina.

La reorientación de la política económica estuvo acompañada de un giro hacia una creciente atención de los países de la región dentro de la diplomacia cultural nipona; así, la FJ  abrió su oficina en Kuala Lumpur, en 1989.

Mientras los gobiernos del sureste de Asia inscribían la industrialización en su agenda de política económica, en 1988, los gobiernos de Estados Unidos y Canadá pusieron en operación un acuerdo bilateral de comercio preferencial que, con el tiempo, sería substituido por el Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte (ALCAN), para incluir a México. América del Norte obtenía así un plus económico y político que, en 1990, llevó al gobierno japonés a abrir la representación de la FJ en Toronto; con ello, quedó completada la estructura institucional de la Fundación en el continente americano.

En 1989, la región del Pacífico entró en una nueva fase de desarrollo institucional: a los foros regionales existentes hasta ese momento,[3] se sumó Asia Pacific Economic Cooperation(APEC), creado con la representación de gobiernos del este de Asia (Japón y Corea), del sureste de Asia (Brunei, Filipinas, Indonesia, Malasia, Singapur y Tailandia), de Oceanía (Australia y Nueva Zelanda) y de América del Norte (Canadá y Estados Unidos). Entre 1993 y 1994, APEC introdujo en su agenda la liberalización comercial y financiera como uno de sus ejes de acción; con el tiempo, la liberalización comercial y financiera se convirtió en el objetivo último del foro.

Un tanto a pesar suyo y de una parte de los asiáticos, el gobierno japonés encontró en APEC un espacio complementario al de la instancia General Agreement on Trade and Tariffs-World Trade Organization (GATT-WTO) para poner en práctica su estrategia de liberalización comercial y financiera multilateral; pero, también tuvo cuidado en insistir que el espíritu del foro era esencialmente de cooperación, como dejó en claro, en 1995, mediante la “Agenda de acción de Osaka;” ésta, además de la liberalización comercial y financiera, ponía de realce tanto la facilitación comercial y financiera  como la cooperación y técnica, como los “tres pilares” de APEC.

APEC se convirtió en un espacio adicional para fortalecer la diplomacia cultural nipona. Así, teniendo como marco las negociaciones del “Plan de acción de Manila”, para poner en práctica la “Agenda de acción Osaka”, la FJ, en junio de 1996, abrió su representación oficial en Manila y, en 2001, como resultado de una mayor colaboración en los campos económicos, políticos y cooperativos, inauguró su oficina en Seúl. Con ello, aumentó a cinco sus representaciones en Asia del Pacífico, por tan solo dos en América Latina.

Dos factores propios de este período influyeron en la reorganización del mundo académico latinoamericano interesado en temas de Asia: la “Iniciativa en educación de los líderes de APEC” de 1993 y las expectativas creadas en torno a la posibilidad de la creación de una gran área de libre comercio basada en las veintiún economías asociadas en APEC.

La “Iniciativa en educación,” propuesta por la administración Clinton durante la primera reunión de los jefes de Estado y de Gobierno de APEC (Seattle, 1993),[4] propuso integrar las IES al organigrama del foro; para ello, fue establecido el reconocimiento oficial de instituciones o de instancias académicas como Centros de Estudios APEC (CE-APEC). Las modalidades de funcionamiento de los CE-APEC varían de un país a otro. En México, existen CE-APEC en cuatro diferentes universidades públicas, los cuales se han asociado en el Consorcio Mexicano de CE-APEC. En Chile, la Fundación Chilena del Pacífico, instancia creada bajo auspicio gubernamental, es reconocida como CE-APEC y es la encargada de coordinar los centros de estudios o los especialistas en temas relacionados con las áreas de trabajo de APEC. En Perú, la modalidad adoptada fue una red de centros académicos y de especialistas que funciona como el CE-APEC del Perú.

Los proyectos de APEC en materia de liberalización económica y de cooperación generaron un interés académico por los procesos en curso en la región del Pacífico, en general, y en su segmento asiático, en particular. En los principales países de América Latina surgieron múltiples iniciativas bajo las modalidades de programas, centros o institutos de estudios sobre la Cuenca del Pacífico, Asia Pacífico, el Pacífico, etc. La orientación de estas iniciativas académicas ha sido determinada por la evolución de la agenda de APEC. Así, después del 11 de septiembre de 2001, los tres pilares de APEC han sido acompañados de una vastísima cantidad de temas relacionados con la seguridad humana, cubriendo prácticamente todas las áreas gubernamentales, todos los campos de las ciencias sociales o sectores amplios de las ciencias naturales.

Así, en las actividades académicas de APEC participan dos géneros de especialistas: por un lado, los interesados en los procesos regionales provienen de la economía, de la ciencia política o de las relaciones internacionales; por el otro, los especialistas en campos científicos específicos participan en grupos de trabajo ad hoc, bajo invitación específica de sus respectivos gobiernos o, eventualmente, del secretariado de APEC.

Por otra parte, a diferencia de los japonólogos formados durante 1972-1985, los especialistas en temas del Pacífico no requieren una formación en lenguas asiáticas, pues la lingua francade APEC es el inglés; tampoco necesitan un conocimiento profundo de las sociedades, de las culturas ó de las historias de países específicos de la región y el foro exige de ellos sus competencias técnicas.

En consecuencia, con la creación de APEC y de los centros de estudios sobre los procesos regionales del Pacífico, fueron institucionalizadas dos formas de preparar especialistas en temas relacionados con Asia. Ambas formas son legítimas, pues cada una atiende necesidades específicas y, sin desear introducir una norma de valor, podríamos considerarlas como un hard way y un soft way. El hard way consiste en la preparación de especialistas en el estudio de un país asiático en particular, con conocimientos profundos de la lengua, la cultura y la historia del país. El soft way consiste en la formación de especialistas con capacidades de comunicación en inglés y habilidades técnicas referidas a temáticas específicas de los procesos en curso en la región del Pacífico. Ambos tipos de especialistas son necesarios y sus trabajos, en última instancia, son complementarios.

Sin embargo, en la práctica, las instancias gubernamentales y las instituciones académicas hispanoamericanas han tendido a privilegiar el soft way; debido a ello y pese a cierto desarrollo en condiciones adversas, la japonología latinoamericana sufrió un estancamiento relativo durante la fase analizada en esta segunda parte.

2003-2012, LA COMPETENCIA ECONÓMICA Y CULTURAL CHINA-COREA-JAPÓN EN EL CONTEXTO LATINOAMERICANO

En 2003, la entrada del gobierno de la República de Corea en la competencia en el ámbito de la diplomacia cultural marcó un nuevo rumbo en el desarrollo de los estudios sobre Asia en América Latina. Para participar en esa competencia, el gobierno coreano ha puesto en práctica dos iniciativas dedicadas a América Latina:

En primer término, desde 2003, la Korea Foundation (KF) ha respaldado financieramente la realización de Encuentros de Estudios Coreanos en América Latina (EECAL), para reunir a los coreanólogos (formados en el hard way) y a los especialistas en temas de Corea (formados en el soft way) para socializar sus trabajos. Hasta la fecha, ha realizado cinco encuentros en la Universidad de Buenos Aires (2003), El Colegio de México (2005), la Universidad Católica de Sao Paulo (2007), la Universidad Católica de Valparaíso (2009); la Universidad Sergio Arboleda de Bogotá (2011). Gracias a estos encuentros, los latinoamericanos especializados en temas de Corea han podido poner al alcance del público los resultados de sus trabajos, mediante sendas publicaciones resultantes de cada encuentro. Dos ganancias adicionales son: a) la creación de redes nacionales agrupando a los especialistas, experimentados y noveles,  de los países donde ha sido realizado un EECAL; b) la introducción de la enseñanza de la lengua y de la cultura coreanas en programas universitarios de pregrado; esta segunda iniciativa ha sido respaldada por la KF mediante apoyos financieros para iniciar los cursos de lengua y donaciones de materiales bibliográficos necesarios para el desarrollo de tales programas.

La segunda iniciativa coreana para América Latina ha sido puesta en práctica a través de la Academia de Estudios Coreanos y consiste en la creación de un fondo destinado a promover los estudios sobre Corea en América Latina. La iniciativa es, en sí, excelente; sin embargo, para administrar ese fondo, la Academia de Estudios Coreanos ha seleccionado… la Universidad de California. Con el resultado paradójico que anglosajones organizan actividades académicas sobre Corea destinadas a una audiencia latinoamericana.

Un segundo rasgo distintivo de la fase 2003-2012 deriva de la internacionalización de la economía china y de los reacomodos estructurales en el sistema intergubernamental global, durante la primera década del siglo XXI. Durante este lapso, la República Popular China logró consolidar su potencial económico y comercial, convirtiéndose en la segunda economía más grande del planeta[5] y en uno de los principales exportadores de manufacturas. Además, en el contexto de la crisis financiera global de 2007-2009, China ha despuntado como un activo agente financiero internacional.

DISTRIBUCION ACTUAL DE LOS INSTITUTOS CONFUCIO

EN AMÉRICA Y ASIA

         
 

Total

   

Total

AMÉRICA

32

 

ASIA DEL PACIFICO

27

Canadá

6

 

Japón

6

Estados Unidos

5

 

Corea

5

México

4

 

Tailandia

5

Perú

4

 

Indonesia

4

Brasil

3

 

Filipinas

2

Colombia

2

 

Malasia

2

Chile

2

 

Singapur

1

Argentina

2

 

Camboya

1

Cuba

1

 

Laos

1

Costa Rica

1

     

Jamaica

1

     

Ecuador

1

     

Fuente: Confucius Institue on Line

     

 http://college.chinese.cn/en/node_1979.htm

   

La política económica exterior del gobierno chino también ha ido acompañada por una diplomacia cultural, basada en la promoción de la lengua y de la cultura chinas en el extranjero; para ello, el gobierno busca crear, donde las condiciones lo permitan, sucursales locales del Instituto Confucio; éstos no son centros de estudios sobre China; pero, dependiendo del grado de consolidación, podrían convertirse en la simiente de nuevas instancias académicas abocadas a la formación de especialistas sobre China, en el hard way anteriormente descrito.

La agresividad para poner en práctica su nueva diplomacia cultural ha sido redituable para el gobierno chino; de acuerdo con la información oficial del Confucius Institute, en la actualidad existen treinta y dos Institutos Confucio en doce países del continente americano y veintisiete en nueve países de Asia del Pacífico (Véase el cuadro siguiente).

Sin desear equiparar los Institutos Confucio y las representaciones de la FJ en ambas regiones y tan solo para tener una idea de la importancia acordada a la presencia de instituciones culturales de China y de Japón en ambas regiones del Pacífico, debemos tener en cuenta que durante la fase que ahora nos ocupa, la FJ ha mantenido sus representaciones en Sao Paulo y México; pero, en 2008, abrió dos nuevas oficinas en Asia del Pacífico: en Hanoi y en Beijing.

TAREAS INMEDIATAS EN EL CAMPO DE LA COOPERACIÓN ACADÉMICA ASIA DEL ESTE-AMÉRICA LATINA

Al iniciar el siglo XXI, la FJ realizó un ejercicio para saber hasta dónde habían calado sus programas en las IES hispanoamericanas; el censo sobre hispanoamericanos especializados en temas de Japón levantado por la FJ, primero, daba cuenta del escaso número de dichos especialistas, adscritos a programas de investigación y docencia o de la administración pública; segundo, mostraba la dispersión característica de quienes persisten en mantener viva la japonología en las IES hispanoamericanas; tercero, mostraba la ausencia de programas abocados a los estudios sobre Japón o sobre Asia.

Diez años después, las condiciones en que es realizada la cooperación académica Asia del Este-América Latina han cambiado drásticamente con las iniciativas de los gobiernos de la República de Corea, de la República Popular China e, incluso, de la República de China (Taiwán). Por esta razón, los actores sociales involucrados e interesados en este campo específico de la cooperación intergubernamental no pueden dejar pasar el 40 aniversario de los vínculos entre la FJ y las instituciones latinoamericanas sin plantearse la elaboración de un balance que muestre las fortalezas y las debilidades, las virtudes y los vicios, los progresos y los retrocesos  de los programas tendientes a formar recursos humanos altamente especializados ya sea en temas de Asia o en otras áreas prioritarias para el desarrollo de las sociedad latinoamericanas.

En el contexto marcado por la efemérides y para trascender la misma, es necesario: analizar con detalle las modalidades y los resultados de los programas de movilidad académica entre Asia del Este y América Latina, puestos en práctica hasta el día de hoy; revisar su pertinencia, teniendo en cuenta las nuevas condiciones imperantes en Asia del Este, en América Latina y en un sistema global en constante mutación; desarrollar nuevos ámbitos de cooperación para facilitar la transferencia de saberes entre dos regiones que tienden a separarse en función del grado de desarrollo económico y científico alcanzado.

Para las IES públicas latinoamericanas, el aprovechamiento efectivo y eficiente de los programas de movilidad académica exige realizar una tarea inmediata e ineludible: institucionalizar el aprendizaje obligatorio de lenguas y culturas extranjeras, con el fin de dotar a los participantes en tales programas de todos los elementos necesarios para aprovechar los programas de formación.



[1] Fundación Japón en México: ¿Quiénes somos? http://www.fjmex.org/0101.html

[2] Fundación Japón: La Fundación Japón, en: http://www.jpf.go.jp/e/about/outline/img/Pamphlet_e.pdf

[3] Pacific Trade and Development Conference, PAFTAD; Pacific Basin Economic Council, PBEC; Pacific Economic Cooperation Council, PECC.

[5] Sobre la base de la medición del producto interno bruto, en términos de la paridad del poder adquisitivo.

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