World Class Universities: ¿una respuesta a la globalización de la ciencia y la educación superior?

Sylvie Didou Aupetit

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10 de enero 2014

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A principios de noviembre 2013, tuvo lugar en la Jiao Tong University, en Shanghai (China), una mesa redonda de dos días sobre la investigación en educación superior y la toma de decisión política. Antecedió otro evento con impactos globales, la V edición del Seminario Internacional de la misma Jiao Tong University sobre los rankings y las World class universities. La mesa de reflexión sobre los aportes de los expertos en educación superior a la política sectorial fue coordinada por Philip Altbach y Laura Rumbley del Boston College (Estados Unidos). Fue celebrada con apoyos de Agencia Sueca para el Desarrollo Internacional y de Santrust, una fundación de los Países Bajos ubicada en África del Sur. Participaron en ella especialistas procedentes de África del Sur, Alemania, Australia, Bélgica, Chile, China, Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia, Irlanda, Japón, Malaysia, México, Rusia, Eslovenia, Suecia, Tailandia, Vietnam así como representantes de agencias y organismos internacionales (UNESCO, Banco Mundial).

La reunión permitió discutir, con base en las experiencias nacionales, las reformas recientes impulsadas por los gobiernos e identificar las modalidades de organización de los especialistas en educación superior y sus canales de interlocución con los tomadores de decisión. Los debates internos permitieron identificar objetos de preocupación común entre los investigadores, independientemente de sus contextos nacionales (formación de los académicos, equidad, diversificación institucional, financiamiento con respecto del sistema de educación superior, redes, movilidades y transferencia de saberes en relación a la ciencia).

Sin menoscabo de la riqueza de los asuntos enlistados, quisiéramos por ahora centrarnos en un punto en particular, la globalización y sus impactos en los dispositivos universitarios de enseñanza e investigación: para efectos de nuestras discusiones, fue considerada en tanto escenario que explicaba la complejidad creciente de las políticas gubernamentales de internacionalización. En muchos países, estas han dejado de consistir sólo en programas tradicionales de movilidad y cooperación. Articularon acciones transformativas tendientes a reorganizar los sistemas de educación superior para ubicarlos mejor en un escenario global (y altamente competitivo) de educación terciaria y a permitir a las instituciones mejor ubicadas en su marco nacional ingresar a una esfera global de atribución de la notoriedad y adquisición de capitales de prestigio científico.

Entre las reformas estructurales de mayor relieve, los asistentes al evento destacaron en varios países las iniciativas vinculadas con la conformación de instituciones de investigación científica de excelencia, susceptibles de ser rankeadas como las mejores del mundo en unos (muy) pocos años. Si bien es prematuro opinar sobre la pertinencia de esa elección (sobre todo considerando que el prestigio se gana lenta y acumulativamente), llama la atención el número y la diversidad de países que consideran conveniente hacer cuantiosas inversiones en los que unos denominan World Class Universities y otros Polos Universitarios de Excelencia Científica, top universities o más modestamente research universities.

Por ejemplo, Japón, desde 2001, estuvo operando un esquema actualmente denominado "Centros de excelencia en el siglo XXI", instalado a partir de 2001 y reformado unos años después para su mayor efectividad. En su segunda etapa, a partir de 2009, el país no sólo canalizó recursos a las instituciones selectas (30 entre privadas y públicas) para que consoliden sus actividades internacionales y las integren a la vida de los campus, sino para que tripliquen el número de estudiantes extranjeros que albergaban y doten a sus egresados de un perfil de competencias que hagan de ellos "talentos globales", susceptibles de insertarse en mercados de trabajo transnacionalizados1. Rusia, en una dirección similar, inició en 2013 un Programa de Mejoramiento de la Competitividad Global, siendo uno de sus objetivos centrales la inclusión de por lo menos 5 universidades rusas en las 100 primeras rankeadas, en el 20202. Aunque haría falta clarificar las condiciones de aplicación de los recursos así obtenidos, 15 universidades rusas recibieron ya un estipendio considerable para ese fin, con base en indicadores de excelencia que esas prometieron alcanzar mediante sus planes de desarrollo. Otras iniciativas similares están operando en Francia, China, Korea, Taiwan, Rumania: la estrategia aparece como una onda expansiva, a escala geográfica y en contextos nacionales de fortalecimiento de la investigación científica disímiles. A su vez, el movimiento hacia el robustecimiento de núcleos de excelencia con proyección internacional es indisociable del éxito de los rankings globales como instrumentos ad hoc de medición de la calidad (escasamente criticados por los rectores, los investigadores y las asociaciones del sector).

Independientemente del interés de cada experiencia nacional de construcción de polos de excelencia científica y de sus variantes, sería útil que sus operadores, junto con los investigadores, reflexionen en forma distanciada sobre sus condiciones financieras, operativas y humanas de éxito. Habrían también de estudiar sus implicaciones en el diseño de políticas científicas que es imposible restringir a esa medida, aunque constituya su eje vertebrador más evidente. Un primer punto sensible, obvio, es el desbalance entre esas 100 posiciones tan codiciadas y el número mucho mayor de aspirantes a ingresar al club selecto de los mejores entre los mejores. Otro es el de la pertinencia de los indicadores utilizados por los distintos rankings para evaluar la calidad de las universidades, en amplias regiones del mundo. La reunión organizada el 17 y 18 de mayo de 2012 en la UNAM (México) de rectores y directivos de instituciones de educación superior sobre "Las Universidades latinoamericanas ante los rankings: impactos, alcances y límites"3 indicó que, si bien esos instrumentos suscitaban fascinación en la región, como en todos los países del mundo, también generaban dudas: primero, porque ocupaban un lugar mediático en la apreciación publica y social de las instituciones de educación superior que no correspondía ni a su génesis, ni al lugar que ocupaban en dispositivos complejos de aseguramiento de calidad. Segundo, porque no permitían dar cuenta en una forma integral de las responsabilidades complejas de las instituciones de educación superior en relación a sus entornos, locales, regionales y nacionales. Tercero, porque nada aseguraba que esas "instituciones de excelencia" desencadenarían efectos positivos de entrenamiento sobre conjuntos de instituciones nacionales de investigación científica que sufren todavía de muchos déficits, en relación a capacidades y habilidades para la investigación científica, en escenarios tanto nacionales como globales. Cuarto, porque en escenarios en los que los financiamientos a la ciencia son a veces restringidos, la cuantía de las inversiones que requiere la consolidación rápida de esos polos de excelencia de rango mundial puede producir efectos negativos en la distribución de los recursos asignados a los sistemas nacionales de educación superior y ciencia y tecnología, como conjuntos articulados y diferenciados de establecimientos.

Apostar a crear, desde la nada o a partir del reagrupamiento de instituciones preexistentes de calidad, estructuras excelsas de investigación aparece así como una apuesta pero no como una panacea. En consecuencia y debido a la extensión creciente de la "receta" y al carácter no demostrado todavía de su pertinencia, sus desarrollos, éxitos y fracasos habrán de ser monitoreados constantemente y exploradas vías alternas de mejoramiento de la calidad: de allí, el énfasis puesto durante la V conferencia internacional sobre las World Class Universities sobre la gobernanza institucional, la conducción gubernamental y la programación4 de esas instituciones, como claves para contribuir a su robustecimiento, con un sistema de alerta oportuna de desvíos o atrasos en el cumplimiento de compromisos para reajustes sobre la marcha de los proyectos.

Otros temas interesantes fueron discutidos en la mesa redonda y en la V Conferencia con respecto de la internacionalización: estuvieron vinculados con las movilidades y, en particular, con las entrantes, tanto estudiantil como académica. Algunas cifras en ciertos contextos nacionales son asombrosas, sobre todo si las comparamos con las que ilustran la muy lenta progresión de esa clase de movilidad en América Latina. Australia es un caso particularmente interesante, por el enorme auge de la matrícula: los estudiantes internacionales recibidos por las instituciones australianas pasaron de 441 000 a más de un millón, entre 1989 y 20075. Ese incremento tuvo que ver con las capacidades de inversión redituable de las instituciones, del gobierno y de autoridades regionales de educación, de forma tal que la industria de la educación internacional devino el tercero entre los servicios comerciales que exporta Australia. Pero Australia es también interesante por los interrogantes que, en su propia comunidad de especialistas, suscita su éxito: las instituciones de educación australianas dependen cada vez en mayor medida de un mercado eminentemente volátil, en función de ciclos de estabilidad económica pero también de la calidad de las instituciones en los países de envío y de recepción, principalmente en relación a sus dos principales consumidores, China e India. La retracción de las subvenciones gubernamentales a la educación superior acentúa la fragilidad potencial de esas instituciones, haciéndolas excesivamente sensibles a cualquier alea del comercio internacional de servicios educativos.

Otro aspecto relacionado con el anterior concernió la movilidad entrante de los científicos: en varios países del mundo, el reclutamiento de los científicos es cada vez más internacionalizado, lo que acarrea cambios profundos en la organización y en las formas de trabajo de las comunidades científicas nacionales. Si bien se suele afirmar que ese cosmopolitismo es positivo (al enriquecer la discusión científica, al favorecer la puesta en marcha de redes especializadas, al permitir la emergencia de nuevas líneas de investigación) y retornando al punto principal de preocupación de la mesa redonda de Shanghai (las relaciones entre investigación y toma de decisiones en la educación superior), los participantes consideraron que el fenómeno debe ser documentado y analizado de manera comparativa en torno a ejes comunes de aproximación: entre esos, destaca el establecer el grado de incorporación de los investigadores extranjeros por instituciones y campos disciplinarios, el conocer sus rutas de migración, el documentar sus condiciones de inserción profesional y sus pautas de producción académica, en un proceso de internacionalización in situ y en otro, orientado al extranjero en cuanto a dispositivos de producción, acceso a recursos y difusión.

Un último aporte del grupo durante ese evento sus-mencionado requiere ser rescatado. A partir de experiencias en naciones de talla y circunstancias totalmente distintas, los académicos participantes vincularon las posibilidades de echar a andar procesos de internacionalización que correspondan a las prioridades de desarrollo de los países que los implementan con la capacidad a asignar inversiones sustantivas a distintas actividades: esas rebasan la sola movilidad estudiantil, y han de articularse en un plan integral de internacionalización, a escala nacional. Enfatizaron al respecto que la internacionalización de la investigación es indisociable de sus condiciones territoriales y que sus alcances no son reductibles a algunos indicadores cuantitativos (número de doctorantes en el país y el extranjero, estancias sabáticas afuera y número de repatriados, por ejemplo). Dependen de alianzas estratégicas entre los gobiernos, las instituciones universitarias y los actores científicos para asegurar el éxito de programas cuya viabilidad depende de una conjunción de esfuerzos y de un alineamiento con políticas sectoriales que dejen de considerar la internacionalización como mera retórica u ornamento.

 

1 Huang, Futao (2013). Challenges for higher education and research: A perspective from Japan. Ponencia presentada en Shanghai International Higher Education Research and Policy Roundtable, Shanghai Jiao Tong University, Novembre 2-3.

2 Yudkevich, Maria (2013). Russian university sector: In search of lost excellence or building a new one?. Ponencia presentada en Shanghai International Higher Education Research and Policy Roundtable, Shanghai Jiao Tong University, Novembre 2-3.

3 http://www.encuentro-rankings.unam.mx/

4 WCU5-Proceedings. 5th International Conference on World Class Universities, November 3-5, 2013.

5 Goedegebuure, Leo y Marian Schoen (2013). Key challenges for tertiary education policy and research: an Australian perspective. Ponencia presentada en Shanghai International Higher Education Research and Policy Roundtable, Shanghai Jiao Tong University, Novembre 2-3.  

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