Movilidad estudiantil internacional: Proyecto societal o lógica individual [1]

c agulhon 2013

 

Catherine Agulhon

Febrero 2014

 

Las movilidades estudiantiles han movilizado recientemente la atención tanto de los actores políticos como de los investigadores. El interés de ambos sectores se inscribe en una renovación de las políticas de circulación de los individuos y de los saberes y, en consecuencia, en una redefinición de los mecanismos de competencia internacional orientados a concentrar la mejor investigación, la innovación y los individuos con una formación de excelencia. Este mercado internacional de la investigación, de la ciencia y de la tecnología está organizándose e integra las movilidades estudiantiles. Los países de la OCDE ocupan un lugar significativo en él, al buscar alcanzar un monopolio del conocimiento y establecer una "sociedad del conocimiento". El término "movilidad estudiantil" encubre entonces distintos sentidos, algunos empíricos, otros ideológicos así como fenómenos sobre los que los estados occidentales son susceptibles de incidir y otros que pertenecen más al registro de lo simbólico. Las universidades, en tanto lugares productores de saberes, desarrollan entonces estrategias competitivas de las que es parte la recepción de los estudiantes extranjeros, en un contexto en el que la productividad aumenta tanto como el costo del trabajo, por lo que la posesión de saberes representa un margen de beneficios altamente cotizada.

Las movilidades estudiantiles sobre las que reflexionaremos no son nuevas. Sin remontar a las circulaciones estudiantiles en la Edad Media, recordemos que, en los años 60, después de la descolonización, muchos países del Norte mantuvieron relaciones privilegiadas con sus ex-colonias. Ofrecieron condiciones específicas a estudiantes que padecían o se beneficiaban de sistemas escolares heredados. Por cierto, algunos políticos del Sur e investigadores del Norte denunciaron en aquel momento la conjugación de factores políticos (zonas de influencia) y económicos (atracción, formación y retención de una élite) en la fuga de cerebros. En el mismo periodo, el bloque comunista ofrecía becas y cupos en la universidad a estudiantes de países que buscaba influenciar, en África, en Cuba o en China. Así, desde aquella década, la movilidad estudiantil se volvió un objeto de competencia internacional.

En el pasado decenio, se acrecentó considerablemente el interés por las movilidades estudiantiles, razón por la que examinaremos su sentido y sus efectos en los ámbitos políticos, económicos, sociales y psicológicos. Esas movilidades están determinadas por políticas más o menos versátiles, condiciones particulares de socialización e integración más o menos temporales de los sujetos según las instituciones, las disciplinas o los programas. También están influenciadas por las modalidades de adaptación sicosocial de los sujetos, en función de las distancias culturales, económicas y sociales entre los países de origen y de llegada y por las condiciones particulares en las que los individuos efectúan la movilidad. Movilidades o migraciones estudiantiles no son ni uniformes ni aleatorias. Se inscriben en contextos socio-históricos y socio-políticos que es preciso identificar para entender las especificidades de ambos movimientos, el término movilidad haciendo énfasis en el movimiento y el de migración en la instalación.

En paralelo, los países receptores, principalmente en Europa, iniciaron una reforma a profundidad, aunque caótica, de sus sistemas de educación superior, dado que cada Estado nacional conservó sus prerrogativas en la materia, para asentar su posición en un escenario internacional. El crédito otorgado a los rankings como el de Shanghai lo demuestra. La circulación de los estudiantes también fue objeto de reformas y recomendaciones y generó preguntas: ¿Constituía un mercado? ¿Presionaba la demanda a la oferta o viceversa? ¿Remitían los determinantes de la movilidad al país de procedencia o al de recepción? ¿Cuáles eran las políticas y los incentivos en los países de destino? ¿Cuáles eran las trayectorias de los estudiantes móviles y las causas de su diversidad? ¿Brindaban esas movilidades oportunidades de promoción social?

Para dar cuenta de las migraciones por estudio, es posible usar varias perspectivas, una institucional y política, otra económica y una más sociológica. El repunte de las políticas y observaciones en materia migratoria, en los marcos de la internacionalización por una parte y de la globalización por la otra, brinda una variedad de enfoques. Esos distinguen los puntos de vista de los países del norte sobre las migraciones procedentes del Sur, los de los países europeos sobre sus migraciones internas ante la erosión de las barreras fronterizas y la construcción de programas (tipo ERASMUS) que facilitan la circulación de los estudiantes y trabajadores, los de los países del Sur sobre la fuga de cerebros hacia el Norte y los de los países concernidos por la emergencia de las movilidades Sur-Sur que aparecen como una alternativa casi subversiva a lo que ocurre en el Norte.

 • Las políticas migratorias

Las políticas migratorias están sostenidas a la par por organismos internacionales interesados en medir su intensidad y sus efectos y por cada país involucrado. Varias cuestiones surgen respecto de ellas: ¿Debe ser de libre elección la movilidad? ¿Es conveniente seleccionar a los estudiantes? ¿Quiénes financian esas movilidades? ¿Son parte de las migraciones y están sujetas al mismo tipo de regulaciones? ¿Representan una amenaza política o económica? Esos interrogantes participan a la vez de la diversificación y de las ambivalencias de las políticas nacionales llevadas a cabo en todos los países occidentales.

En Estados Unidos, primer importador de estudiantes extranjeros, el presidente Clinton declaró en 2000 que la educación internacional era fundamental para preparar los ciudadanos a la mundialización y propuso distintas medidas de incentivación: movilidad estudiantil, intercambios de investigadores, convenios y módulos internacionales en los programas de estudios y, además de la atracción de los estudiantes internacionales, deslocalización de las instituciones y de los programas.

En Reino Unido, la política del Commonwealth ya se agotó: privilegiaba las relaciones de cooperación y las movilidades en su espacio y brindaba becas a sus ciudadanos. Hoy, los estudiantes extranjeros, cualquiera que sea su procedencia, pagan la totalidad del costo de su carrera, conforme con un mecanismo de selección en función del capital económico de los postulantes.

En Francia, los flujos de estudiantes reflejan los vaivenes de la política pública. Después de una década de medidas restrictivas, la creación de Edufrance en 1998, transformada en Campus France en 2007, expresó una voluntad de apertura y de atracción, pero los mecanismos de selección de los estudiantes extranjeros todavía siguen incidiendo en su llegada. Además, muchos de ellos no pueden trabajar en Francia después de titularse.
Las políticas ejecutadas en el Sur son igualmente ambivalentes. Por un lado, numerosos países ofrecen becas a sus ciudadanos para que cursen carreras en el extranjero con el propósito de consolidar a mediano plazo sus propios sistemas de educación superior e investigación. Es el caso en México o en Brasil pero también en países de África y en China. Por otro lado, temerosos de una fuga de cerebros, esos países acompañan esas becas con exigencias de retorno, según criterios a veces drásticos. Pero el retorno siempre es problemático.

Al margen de esas políticas de movilidad, se produjo la construcción y la internacionalización de un mercado de la educación superior, que devino en sí mismo un «servicio», según los términos empleados por los organismos internacionales. Una vez más, los Estados Unidos fueron precursores y fueron los primeros en abrir establecimientos sobre una base transnacional en América Latina. Otros países les siguieron, contribuyendo a diversificar ese modelo intrusivo. Allí también, prevalece una ambivalencia con respecto de cómo están financiados esos establecimientos y cuáles son sus apuestas económicas y académicas.

Frente a ese doble movimiento de intrusión-atracción, los países del Sur se organizaron y desarrollaron movilidades Sur-Sur que participan de una consolidación de sus relaciones horizontales.

 • Los objetivos económicos en el norte y en el sur

Objetivos políticos y objetivos económicos son indisociables, además de que la mundialización propicia con toda probabilidad efectos significativos de convergencia. Pero ¿la dimensión política es, por lo tanto, sometida a la económica? El hecho es que las movilidades o migraciones estudiantiles se inscriben en distintas problemáticas y la educación superior, «servicio comercial», se vuelve, en una perspectiva liberal, fuente de beneficios. Los recientes movimientos de protesta estudiantil en Canadá o en Reino Unido no invirtieron esa tendencia. La privatización pasa tanto por el incremento en el Norte y en el Sur de los costos de inscripción y de las cuotas y por la multiplicación de establecimientos privados como por las deslocalizaciones ya mencionadas.

Pero las movilidades estudiantiles se inscriben igualmente, en grados más o menos intensos, en las migraciones profesionales en la medida en que un porcentaje de los estudiantes extranjeros del Sur buscan empleo en el Norte y engrosan los flujos de trabajadores altamente calificados, respuesta a la "migración elegida". En ese marco, los países pobres forman a individuos que salen a trabajar al Norte, por lo que su inversión en su educación les reditúa escasas externalidades. Los doctorantes móviles en los laboratorios del Norte son parte de esa mano de obra calificada migrante pero ni siquiera está contabilizada. Esas migraciones se inscriben de hecho en relaciones de dominación entre el capital y el trabajo más que en las que vinculan los países dominantes con los dominados, aun cuando esa última relación no es del todo obsoleta. No se puede en efecto diferenciar migración por motivos de estudios y migración por empleo.

 • Circulación de los estudiantes y sentido de las movilidades

Tanto los organismos internacionales como los países involucrados se esfuerzan por generar datos sobre las movilidades estudiantiles pero esos son insuficientes.
En una primera aproximación, esas movilidades son restringidas en relación a la apertura o masificación de la educación superior en el Norte y en el Sur. En 2010, sólo 1% de estudiantes, equivalente a 3,3 millones de personas, vivía una experiencia de movilidad. Es preciso diferenciar al respecto las movilidades amarradas a estudios completos con finalidades de obtención de un grado y las movilidades temporales que se producen a finales o durante la carrera universitaria. Es preciso asimismo distinguir los estudiantes extranjeros nacidos en el país de recepción de los que llegaron para estudiar y de los que realizan estancias académicas pero que siguen inscritos en su país de origen (beneficiarios de las becas sándwich en Brasil, por ejemplo).

Las movilidades pueden entonces ser consideradas mediante varios lentes. Es válido interesarse sea a los países de procedencia, sea a los de llegada y clasificar las movilidades en función de una u otra entrada. Lo es igualmente interesarse a la distribución de los estudiantes por tipo de establecimiento, ciclo de estudios, área disciplinaria o estatuto (becarios o no).

Los países de la OCDE reciben la mayor parte de los estudiantes extranjeros, 80% de ellos procedentes del Sur. Cinco países dominan de manera estable entre los principales receptores: Estados Unidos, Reino Unidos, Alemania, Francia y Australia. Los principales contingentes son asiáticos, europeos y africanos.

Un sesgo adicional finalmente merece ser mencionado, el de la movilidad por nivel de acceso al sistema de educación superior. Parte de los estudiantes realiza la totalidad de sus estudios superiores en el extranjero, otros sólo se desplazan en master o doctorado. Apoyada tanto por los países de envío como por los de recepción, mediante becas, la movilidad de posgrado evidencia las dinámicas de atracción-retención de las elites por los países del Norte.

 • Los estudiantes móviles

Los análisis sociológicos de las vivencias estudiantiles de la movilidad permiten explicitar las modalidades de integración escolar pero también social de los estudiantes extranjeros. Instruyen sobre sus modos de vida, sus recorridos universitarios, los procesos identitarios que acarrea una migración temporal, las aspiraciones al retorno que van aparejadas a numerosas dificultades de inserción laboral y social.

Desde los años 70, los sociólogos pusieron en evidencia la problemática del push and pull, las causas que explican la salida de los países de origen y las formas de atracción del país de destino. Dichas causas son a la vez económicas, políticas, escolares y culturales. Pero la integración depende de las proximidades entre los países así como de la cultura de los estudiantes. Su estatuto también impacta en sus modos de vida en los países de recepción, como lo hacen igualmente los problemas financieros, de hábitat y de idioma.

En suma, no hay homogeneidad entre los grupos de población en situación de movilidad internacional por estudios, ni en el seno de una misma nacionalidad ni entre distintas nacionalidades. Es no obstante posible diferenciar en todos los casos, los becarios y los no becarios, los jóvenes de recién ingreso y los que prosiguen sus estudios, los que van en busca de una formación "eficaz" y los interesados en los saberes académicos o la cultura. Encontramos también a jóvenes sostenidos por su familia o por el gobierno y sin mayores problemas financieros y otros que transitan difícilmente entre los universos del trabajo y de los estudios.

Las diferencias entre los países de recepción y los de origen marcan igualmente los modos de adaptación y afiliación social y cultural. Muchos estudiantes han de aguantar la soledad y soportar un sentimiento de angustia sobre sus elecciones y oportunidades de éxito.

Finalmente, la distancia es grande entre los becarios seleccionados y conscientes de pertenecer a una élite protegida y los jóvenes que migran por iniciativa propia y confrontan problemas financieros y lingüísticos cuya gravedad no habían anticipado. El fracaso escolar está frecuentemente acompañado por el desempeño de empleos desvalorizantes, que hacen que las estancias en el extranjero se vuelvan pesadas y el porvenir incierto. La aculturación es por su parte favorecida por una proximidad lingüística y cultural que depende del origen social. Los estudiantes que sienten que pertenecen a las "elites internacionales" salen mejor librados que los demás de esa prueba. Además, los estudiantes en movilidad operan una ruptura con su socialización originaria que los aleja de los modos de vida y de las costumbres prevalentes en sus países pero que les genera a la par inquietudes sobre sus capacidades de reintegrarse, al retornar a su país.

Pese a ciertos acotamientos, las migraciones estudiantiles son frecuentemente el preludio a una migración de trabajadores altamente calificados que harán falta en sus países de origen, pese a que la circulación de saberes y de ideas mediante distintos canales limita hoy los efectos perversos de esa situación. ¿Será entonces la mundialización un pretexto para acrecentar la atractividad de ciertos países en detrimento de otros, para difundir acríticamente la idea de un mercado escolar universitario internacional, para reforzar los desequilibrios tanto como la competencia?

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[1] Este artículo fue escrito con apoyo del Colegio Franco-Mexicano en Ciencias Sociales (CEMCA).

 

Biografía:

Catherine Agulhon es profesor en ciencias de la educación en la universidad de Paris-Descartes, Francia. Socióloga, sus principales temas de investigación en el Centro de Investigación sobre el vínculo social (CERLIS) conciernen las políticas de educación, las instituciones y los actores así como la formación profesional y las relaciones entre la formación y el empleo. Actualmente, analiza las reformas universitarias en una perspectiva europea comparada. Publicó, con Didou-Aupetit S., (2007), Les universités. Quelles réformes pour quelle modernité? Le cas du Mexique, Paris, Editions Publisud, 280 p, con Xavier de Brito A., (2009) Les étudiants étrangers à Paris. Entre affiliation et repli, Paris, L'Harmattan, 282 p; con Convert B (2012) La Professionnalisation, pour une université utile?, Paris, L'Harmattan, 265 p.

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