Organismos internacionales y responsabilidad social universitaria en América Latina y el Caribe

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Sylvie Didou Aupetit1

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30 de marzo 2014

 

El Instituto Internacional para la Educación Superior en América Latina y El Caribe (IESALC) de la UNESCO y el Departamento de Estado de Puerto Rico, en colaboración con el recinto Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, la Universidad Interamericana de Puerto Rico y con la intervención de las Cátedras UNESCO sobre Educación Superior en la región organizaron, del 26 al 28 de marzo de 2014, un encuentro regional denominado La responsabilidad social de las universidades (RSU): implicaciones para la América Latina y el Caribe. Ese evento, realizado en la Ciudad de San Juan, permitió una discusión a profundidad, tanto conceptual como operativa, de la cuestión. Los participantes propusieron reflexiones sobre los valores éticos que encerraba la RSU y las actividades distintas que abarcaba (las cuales iban desde la inclusión de poblaciones vulnerables por condiciones socio-económicas, residenciales y étnicas hasta la generación de innovaciones para el desarrollo). Presentaron prácticas específicas desarrolladas en Brasil, Chile, Ecuador, México, Perú y Puerto Rico. El evento también dio pie a una reflexión colectiva sobre cómo la RSU se insertaba en procesos de (re)legitimación social de las instituciones de educación superior y cómo era susceptible de jugar en los escenarios prospectivos de desarrollo de los sistemas de educación superior y ciencia.

Considerando que el objetivo principal del Observatorio sobre Movilidades Académicas y Científicas en América Latina y El Caribe (OBSMAC)2 es reflexionar sobre procesos vinculados con la migración intelectual y la transferencia internacional de ideas, de políticas y de programas, conviene señalar que, aunque eso no fuera el principal foco del Encuentro, las distintas experiencias relatadas así como los diálogos instaurados entre los ponentes y los asistentes proveyeron valiosos insumos para reflexionar sobre cómo se expandió la idea de RSU en América Latina y en el Caribe. Dio elementos sobre cómo generó conflictos de intereses a la par que consensos y auspició una canalización de recursos intelectuales y financieros entre donantes y donatarios, en distintas escalas de negociación, aplicación y control. De hecho, varios ponentes hicieron énfasis en la transmigración del concepto en los sucesivos contextos nacionales y regionales en los que se fue fraguando y en el papel protagónico de organismos y fundaciones internacionales en su adopción y diseminación.

Respecto de su surgimiento bajo el auspicio de los organismos internacionales, se señaló que una de las cunas en las que fueron elaboradas las primeras definiciones de la RSU fue la reunión de Talloires, celebrada en Francia. Organizada en octubre de 1990 con el apoyo de la Fundación Rockefeller, de la Fundación MacArthur, de la US Environmental Protection Agency, bajo el patrocinio del Tufts European Center, reunió a 22 presidentes de universidades: entre ellos, 4 procedían de Brasil, Costa Rica y México. Los firmantes de la Declaración de Talloires advirtieron que las "instituciones de educación superior serían líderes mundiales en el desarrollo, creación, apoyo y mantenimiento de la sustentabilidad", identificando como el principal eje de legitimación de la RSU el de contribuir al desarrollo y preservación de su entorno de proximidad. En marzo de 2012, los suscriptores de la Declaración de Rio+20, en Brasil3 señalaron que la RSU implicaba retos más complejos para las universidades, conduciéndolas a elevar la sostenibilidad tanto de sus campus como la de la comunidad a la que pertenecían. Quedó así en evidencia el tránsito entre una concepción que recalcaba la idea del servicio prestado por las universidades a sectores externos a una perspectiva más compleja que, sin abandonar la anterior, preconizaba que una universidad socialmente responsable sólo podía cumplir cabalmente este compromiso si cambiaba profundamente sus formas de organizarse y gobernarse internamente. La RSU no sólo era un soporte de vinculación con diversos sectores del entorno sino que se volvía un organizador de reformas internas de las instituciones, conducentes a hacerlas más pertinentes.

En ese sentido, no es extraño que organismos internacionales (OEA, BID4) o macro-regionales (Unión Europea, organismos para la integración de Asia Pacífico) y agencias bilaterales o multilaterales de cooperación para el Desarrollo (en Estados Unidos, España y Europa del Norte) aportaran recursos sustanciales y asesoraran programas tendientes a aumentar en diversas regiones las capacidades de RSU, como una respuesta para salir de la crisis de funcionamiento y legitimidad socio-cultural y política que afecta las IES. La RSU en efecto articula dos ejes de actividad universitaria: uno está dirigido desde la institución hacia el exterior, con propósitos de innovación productiva y elevación del capital social de grupos marginados; otro, estructurado desde fuera hacia dentro, está orientado a incentivar una reestructuración normativa, administrativa y política de las instituciones de educación superior (IES) para concretar iniciativas de RSU.

¿Qué ocurrió en América Latina y el Caribe, en lo concerniente a esos aspectos? La incorporación de la RSU en las agendas decenales de acción de la UNESCO después de las Conferencias Mundiales sobre Educación Superior, celebradas en París en 1998 y 2009 y de las Conferencias Regionales de la Habana (Cuba, 1997) y Cartagena de Indias (Colombia, 2008)5 interpeló tanto a los gobiernos como a los especialistas en educación superior en América Latina y El Caribe. Lo corroboraron las numerosas referencias hechas a esos eventos por los ponentes durante sus presentaciones en Puerto Rico. Por su parte, redes internacionales de cooperación (Global University Network for Innovation –GUNI, ubicada en Barcelona, España) u organismos de integración económica o política sitos en la propia región o en el ámbito hispanófono (MERCOSUR/OEI) empujaron instituciones y gobiernos a ejecutar proyectos de esa índole, vía convocatorias para participar en proyectos multinacionales, multiinstitucionales y multidisciplinarios, ofertas de préstamos no reembolsables y donaciones. En la propia región, la tradición histórica de las universidades, casi consubstancial a su creación, en materia de servicio y compromisos con la sociedad constituyó un terreno propicio al arraigo de la idea de RSU. La rápida aceptación de la que gozó respondió coyunturalmente al agotamiento progresivo del ciclo de políticas públicas para la educación superior: iniciado en los 90: al apostar a mejorar la educación superior, mediante programas de financiamiento por resultados, aseguramiento de calidad y rendición de cuentas, este relegó a un segundo plano de vigencia cuestiones tradicionalmente relevantes en el campo, como la inclusión, la equidad y el desarrollo social y produjo un quiebre ético-político en la visión que las instituciones tienen de sí mismas. En esa misma escala geográfica, la profunda desigualdad social que azota la mayor parte de los países de la zona hizo que los gobiernos, a veces inducidos por organismos como la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), procuren instaurar relaciones entre sus mediadores (entre los que caben las IES) y sus grupos "frágiles", a través de los proyectos de RSU, que contribuyan a contrarrestar la distribución sesgada de oportunidades y a romper los ciclos de transmisión intergeneracional de la pobreza.

A consecuencia, la RSU devino, a nivel nacional y en múltiples países de la región, un objeto de indagación atendido por las asociaciones universitarias (ASCUN, 2011 en Colombia), por los ministerios de educación (MECESUP, 2004, en Chile)6, por los expertos (Vallaeys, 2009, en Perú), por los titulares o encargados de Cátedras UNESCO (Herrera et al., 2009, en México) y por el IESALC (ver número 214 del boletín IESALC Informa en 20117 y apertura del Observatorio sobre Responsabilidad Social)8. La diversidad de los análisis revisados sobre la RSU indica que esta embona los intereses (coincidentes o divergentes) de sus variados promotores, de maneras variadas en función de los contextos, planteando sin embargo preguntas generales sobre diseños, procesos de implantación, objetivos y alcances.

Aunque las críticas a la RSU son de menor intensidad todavía en América Latina y El Caribe que en otras regiones o países (Canadá y Francia), el concepto tampoco es aceptado en forma unánime por los universitarios, los tomadores de decisión y los propios destinatarios o beneficiarios. Primero, porque la RSU abreva de un concepto que procede del mundo empresarial, el de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) en tanto compromiso que adquiere la empresa de contribuir al desarrollo del bienestar y al mejoramiento de la calidad de vida de los empleados, sus familias y la comunidad en general. Segundo, porque difunde un discurso benevolente sobre su utilidad pública, el cual disimula, según sus críticos, fines de seducción mercantil para procuración de financiamiento y posicionamiento competitivo en el sistema de educación superior. Tercero, porque alienta una atribución de responsabilidades adicionales a las convencionalmente asignadas a las IES, so pretexto de participación al bienestar de las poblaciones y a la prosperidad de sus entornos. Pero, al no proveerles de los medios y recursos para cumplir con esos propósitos; es susceptible de contribuir paradójicamente al descrédito de las universidades en la región, en vez de conjurar dinámicas de deslegitimación relativa. Cuarto, debido a que la RSU aglutina (tanto o más de lo que asocia) a actores reconocidos por las IES con otros que nunca estuvieron en posición de incidir en sus cursos de acción, la puesta en práctica de experimentos compartidos produce resistencias. Acordar propuestas entre esos actores es, por ende, delicado, por la heterogeneidad de sus intereses, por el uso de formatos escasamente compatibles de deliberación y toma de decisiones y por la indefinición acerca de quiénes están habilitados para coordinar las iniciativas de RSU y tomar decisiones estratégicas de implementación.

Habida cuenta de las múltiples dinámicas de articulación entre organismos internacionales, gobiernos, universidades y colectivos sociales y de las disensiones que generan, en su operación, los programas que se reclaman de la RSU, como un concepto organizador de su propio quehacer pero también justificador de exigencias dirigidas a las IES desde el exterior, consideramos que la investigación sobre la RSU en América Latina y El Caribe dista mucho de haber alcanzado un umbral de saturación.

En particular y para retornar sobre los temas de la incumbencia del OBSMAC, sería fundamental documentar el estado de la RSU en coyunturas y espacios particulares, para ubicar estrategias localizadas pero de alcance internacional. La Red de Cátedras UNESCO y los Observatorios Regionales del IESALC podrían aunar esfuerzos para identificar, en función de sus ámbitos particulares de interés, prácticas duplicables al respecto a la par que advertir focos rojos y distorsiones de la RSU, no sólo en América Latina y El Caribe sino también en otras regiones y países. Sería igualmente crucial identificar los contenidos de una agenda de investigación regional sobre la RSU. Finalmente, sería una prioridad analizar con detenimiento el papel de los organismos internacionales en la difusión de determinadas representaciones de la RSU y en la puesta en operación de iniciativas concretas, nacionales, institucionales y en red, bajo la convocatoria conjunta del OBSMAC y del Observatorio sobre Responsabilidad Social de las Universidades.

 


Notas al pie

1Sylvie Didou Aupetit es investigadora de tiempo completo en el Departamento de Investigaciones Educativas del Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados (CINVESTAV). Es titular de la Cátedra UNESCO-Cinvestav sobre Aseguramiento de calidad y nuevos proveedores de Educación Superior en América Latina y coordinadora del OBSMAC. El documento fue elaborado en el marco del proyecto CONACYT 152581 sobre Programas de Educación Superior con componentes étnicos y reconfiguración de elites indígenas en México.

2http://www.unesco.org.ve/index.php?option=com_content&view=article&id=1813:sobreobsmac&catid=194&Itemid=746- 

3http://rio20.euromed-management.com/HEI-Declaration-Spanish-version.pdf 

4http://www.iadb.org/es/publicaciones/detalle,7101.html?id=13106 

5http://www.unesco.org/en/the-2009-world-conference-on-higher-education/societal-commitment-and-social-responsibility/ 

6http://www2.udec.cl/rsu/images/stories/doc/modeloeducativors.pdf 

7http://www.iesalc.unesco.org.ve/index.php?option=com_content&view=article&id=2597:responsabilidad-social-universitaria-una-mirada-desde-costa-rica&catid=126&Itemid=694&lang=es 

8http://www.unesco.org.ve/index.php?option=com_content&view=article&id=2479&Itemid=644&lang=es 

 

Referencias bibliográficas:

ASCUN, 2011, Responsabilidad Social Universitaria (Pensamiento Universitario No. 21), Bogotá: Asociación Colombiana de Universidades, 102 p, disponible en: http://www.cna.gov.co/1741/articles-311056_ResponsabilidadSocial.pdf

Herrera, Alma, Axel Didriksson y Carmen L. Sánchez, 2009, "La responsabilidad social en las macro-universidades públicas en América Latina y el Caribe". Universidades, vol. LIX, n. 41, p. 11-26, disponible en: http://www.redalyc.org/pdf/373/37313031004.pdf

Vallaeys, Francois, 2009, "¿Qué es la responsabilidad social universitaria?". Perú: Pontificia Universidad Católica del Perú, p. 18 disponible en https://www.url.edu.gt/PortalURL/Archivos/09/Archivos/Responsabilidad_Social_Universitaria.pdf

 

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