La colaboración científica entre Francia y México desde la mirada de los investigadores franceses.

Jesica Badillo Guzmán1badillo 01

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Esa opinión de expertos está inspirada en una ponencia sobre “La colaboración científica entre Francia y México, desde la perspectiva de los investigadores franceses: aproximaciones preliminares”, escrita conjuntamente con la Dra. Sylvie Didou y presentada en el Coloquio sobre Circulación Internacional de Conocimientos, convocado por el DIE-CINVESTAV, el IRD, la UNAM y realizado en México DF, del 9 al 11 de septiembre 2012. El trabajo de investigación que los sustenta se enmarca en la Estancia doctoral realizada por la autora en el Institut de Recherche pour le Développement (IRD) ubicado en la URM CEPED (Centre du Population & Développement), en París Francia, del 3 de septiembre al 1 de noviembre de 2011, bajo la dirección del Dr. Etienne Gérard, con el financiamiento de CONACYT, DIE-Cinvestav y el Proyecto de investigación SEP-CONACYT-ANUIES-ECOS M10-H01 “Movilidades y redes científicas Francia-México”, coordinado por la Dr. Sylvie Didou (Cinvestav-México) y el Dr. Etienne Gérard (IRD-Francia).

Las lógicas del trabajo académico, los diferentes mecanismos de intercambio y divulgación científica, así como las políticas de desarrollo en el campo de la ciencia, han dado lugar a procesos de producción y circulación del conocimiento a nivel internacional. En este marco, ¿qué es lo que lleva a los investigadores a situar sus objetos de estudio en un país diferente al suyo, y en qué condiciones lo hacen? Partiendo de esta interrogante, en el marco del Proyecto de investigación SEP-CONACYT-ANUIES-ECOS M10-H01 “Movilidades y redes científicas Francia-México”, coordinado por la Dr. Sylvie Didou (Cinvestav-México) y el Dr. Etienne Gérard (IRD-Francia), realizamos en 2011 un conjunto de entrevistas a investigadores franceses (todos del área de ciencias sociales y humanidades, pero pertenecientes a diferentes instituciones) que han establecido procesos de colaboración con investigadores mexicanos, con el propósito de conocer la forma como los primeros efectúan intercambios de saberes con los segundos y establecen redes, en áreas disciplinarias en las que México es el objeto de indagación.

Los resultados muestran que los investigadores franceses entrevistados iniciaron investigaciones sobre objetos de estudio situados en México principalmente a partir de su incursión en proyectos de investigación multinacionales, ya sea como estudiantes de posgrado becados para la realización de tesis o bien, como profesores asociados; en otros casos, los investigadores lo hicieron ante la imposibilidad de trabajar en otros países latinoamericanos por razones políticas. Entre los hombres, la llegada a México estuvo ligada, en algunos casos, a la realización del servicio militar francés en actividades diplomáticas en un país extranjero; entre las mujeres, la elección derivó en ocasiones de cuestiones personales, como haberse casado con un mexicano.

Las principales instituciones con las que los entrevistados se han vinculado en México son: el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Colegio de México (COLMEX), el Centro de Investigaciones y Estudios en Antropología Social (CIESAS), la Universidad de Guadalajara, la Universidad Autónoma Metropolitana (en sus diferentes Unidades) y el Colegio de la Frontera Norte. La colaboración inicia por contactos personales que se convierten luego en redes que paulatinamente logran evolucionar a proyectos interinstitucionales, conforme con un proceso acumulativo de institucionalización de lo individual. Este proceso da lugar a intercambios formales en actividades como: movilidad de profesores y estudiantes, proyectos de investigación bilaterales, impartición de cátedras y seguimiento de estudiantes de posgrado, principalmente; es importante señalar que no en todos los casos las colaboraciones logran institucionalizarse: las trabas administrativas, tanto del lado francés como del mexicano, impiden muchas veces que la colaboración pueda formalizarse en convenios, lo que inhibe los procesos de intercambio.

A su llegada a México, los investigadores franceses atravesaron por una experiencia inicial que implicó el “descubrimiento del país” (de su geografía, costumbres, modos de vida, contextos y el aprendizaje del idioma, entre otros aspectos) y el establecimiento de redes con colegas mexicanos en los temas que les son comunes. Paulatinamente, esto da lugar a la consecución de un status de especialistas reconocidos bilateralmente, que les permite el acceso a espacios de privilegio en el país de llegada (la incorporación al Sistema Nacional de Investigadores SNI, por ejemplo), pero también en el propio (la inserción en estructuras como el Centre National de la Recherche Scientifiqueo l’Institut de Recherche pour le Développement), así como la integración en dispositivos temporales de trabajo colectivo con investigadores mexicanos o franceses.

Así, los entrevistados atravesaron por un proceso de socialización profesional que propició gradualmente la construcción de comunidades epistémicas bilaterales, caracterizadas principalmente por:

  • La obtención de legitimidad en el área de políticas dentro de un campo determinado,
  • La reproducción y solidificación de equipos transgeneracionales de investigadores franceses y mexicanos,
  • Una producción conjunta de saberes y en la formación de estudiantes,
  • La construcción de un capital incremental de prestigio académico y circulación en  espacios de discusión o difusión de los saberes producidos,
  • El acceso a  agencias y programas de financiamiento,
  • La ampliación de iniciativas semillas basadas en la buena voluntad de los sujetos que las impulsan.

Estas redes disciplinarias dan lugar a una circulación de conocimientos que acarrea diferentes beneficios a los investigadores, entre los que podemos mencionar: la transferencia de saberes (entendida como la suma de los aprendizajes adquiridos y reelaborados sobre México, en tanto contexto geográfico de investigación), el intercambio epistemológico con los pares mexicanos, a través de proyectos elaborados de forma conjunta, el enriquecimiento de las posibilidades de análisis intelectual de un determinado objeto a partir de perspectivas nacionales contrastadas, la multiplicación de contactos académicos que acrecientan las oportunidades de publicación internacional, en una coyuntura nacional en la cual la participación en revistas del extranjero está más valorada que antaño y de modo general, la generación de diálogos con  múltiples interlocutores, interesados en las mismas cuestiones teóricas.

Sin embargo, la colaboración científica encuentra también un conjunto de dificultades. En primer lugar, la burocratización en los procesos administrativos, tales como la emisión de las convocatorias, las evaluaciones de las actividades y la inserción de estudiantes en los proyectos; las trabas normativas y administrativas si bien no acarrean automáticamente el desgaste de las interacciones con  colegas mexicanos, las colocan en un plano endeble y limitan sus posibilidades de extensión y profundización. En segundo lugar, las dificultades para absorber los sobrecostos y los costos de los proyectos de cooperación provocan, por un lado, la desactivación de redes de colaboración o su repliegue, produciendo un desperdicio de prácticas y de conocimientos y por otro, un fuerte involucramiento de los líderes en la procuración de recursos extra-presupuestales que a veces, obliga a acomodar los temas indagados a las prioridades de las agencias financiadoras, a tópicos “de moda”. En tercer lugar, el provincialismo o “parroquialismo” representa una situación adversa que genera desconfianza e incluso sospechas de cosmopolitismo. El recelo se acentúa cuando la relación bilateral se establece con un país con el cual, con o sin razón, la comunidad científica francesa, en su conjunto, considera que la interacción científica no es de igualdad ni de reciprocidad. 

De manera conclusiva, podemos afirmar que las trayectorias de los entrevistados comenzaron y se han fortalecido e forma distinta, con intensidades variables en el tiempo y bajo condiciones de trabajo diferenciadas. Para los investigadores franceses, elegir investigar sobre América Latina desde Francia significa optar, en forma consciente o no, por un contexto profesional a la par más estimulante intelectualmente y más incierto en cuanto a posibilidades de reunir rápidamente en Francia un capital importante de prestigio, indispensable a una trayectoria científica de primer nivel. Al no ser América Latina una zona estratégica de influencia de Francia, genera más intereses intelectuales sobre determinados temas (sociológicos y políticos en particular) que compromisos gubernamentales de tipo financiero. Las posibilidades de mantener en forma constante líneas de investigación sobre la región o sobre México han dependido, en medidas considerables, de las capacidades individuales y colectivas de ingresar a programas (becas para los estudiantes de posgrado y apoyos a la movilidad) y a redes de especialistas, tanto en Francia como en México. Todo lo anterior ha llevado a los investigadores franceses a argumentar ante sus pares que esas construcciones organizacionales para la concertación y la mutualización de recursos no implican ni una estructura de ghetto protector; sin embargo, los obliga, frecuentemente, a remar a contracorriente.

 

 


 

Notas al pie

 

1Maestra en Educación por la Universidad Veracruzana. Miembro de la línea Políticas en Educación Superior del Instituto de Investigaciones en Educación de la Universidad Veracruzana. Actualmente cursa un Doctorado en el Departamento de Investigaciones Educativas del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), en México. 

 

 

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