Rodrigo: “No pierdo la esperanza de ser algo mejor”

Por Roberto Moreno Godoy // Estaba afuera de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Córdoba, esperando ingresar para dar una ponencia en un panel sobre movilidad social y la educación superior, como parte de las actividades de la Conferencia Regional de Educación Superior de América Latina y El Caribe, CRES 2018. A la par estaba el guardia de seguridad, Rodrigo, quien me saludó. Pronto nos enfrascamos en una conversación. Me comentó que trabajaba como gendarme desde hacía cinco años, pero que ahora, a sus 33 años, había comenzado a estudiar leyes. "Su ilusión era llegar a ser algo mejor. Si trabajaba suficientemente fuerte, de pronto, en vez de ser cuidador, podría llegar a ser juez o a tener un bufete propio", me comentó. Le pregunté por qué había retomado los estudios tan tarde. Me dijo que al salir de la secundaria no tenía los recursos o la preparación para hacerlo, por lo que debió trabajar para aportar recursos a casa. Pronto se casó y tuvo hijos, lo que hizo que difiriera la ida a la universidad. Sin embargo, estaba convencido que la única forma de salir adelante y dar mejores oportunidades a su familia era educándose más.

Su testimonio habló con elocuencia de la esencia del panel en que yo participaría. Nuestras sociedades apuestan a la educación para el crecimiento económico y la superación de las personas. Está demostrado que quienes logran graduarse de la universidad tienen acceso a mejores puestos y condiciones de trabajo. Aunque Guatemala sigue con una muy baja cobertura en este nivel, la situación en el resto del continente es mucho más halagüeña. El número de estudiantes inscritos en educación terciaria se duplicó en la última década en América Latina y El Caribe, llegando a más de 20 millones. Hay más de 10 mil instituciones y más de 60 mil programas universitarios, lo cual evidencia que la región está apostando a esta inversión. Sin embargo, para lograr los resultados esperados, tanto de mejoría en la productividad como de movilidad social, se debe fortalecer la calidad y pertinencia de los programas, así como asegurar que los alumnos de los estratos socioeconómicos más desfavorecidos no solo tengan acceso a la universidad, sino que logren mantenerse y graduarse a tiempo. Aunque el crecimiento ha sido importante, ha sido muy asimétrico. Esto es un llamado urgente a asegurar que la educación no solo genere prosperidad, sino una mayor equidad. Eso implica buscar a jóvenes talentosos procedentes de familias en condiciones de pobreza, situar recursos para ofrecerles ayuda financiera para poder estudiar y darles apoyo y acompañamiento durante su carrera universitaria. También se debe asegurar que ellos estén desarrollando las competencias requeridas para insertarse en la sociedad como ciudadanos de bien, desenvolverse como personas innovadoras y emprendedoras y para sumarse adecuadamente a la población económicamente activa. Finalmente, también conlleva que este enorme esfuerzo no se traduzca en un desarraigo de las comunidades donde nacieron.

La CRES propició un fructífero intercambio entre universidades públicas y privadas de la región. Fue una oportunidad para celebrar el centenario de la Reforma Universitaria de Córdoba, que ayudó en su momento a perfilar a las entidades latinoamericanas de educación superior como las conocemos hoy día. Dicho movimiento surgió de la reacción al conformismo en que habían caído las instituciones, lo que las ataba al statu quo y les impedía responder a las necesidades de los estudiantes y de la sociedad. Luego de cien años, de nuevo es tiempo de examinar críticamente lo que hacemos y buscar cómo asegurar que los programas ayuden a transformar a nuestras naciones para el bien de todos.

Reproducido de su versión original publicada en El Periódico de Guatemala: Rodrigo: "No pierdo la esperanza de ser algo mejor" por Roberto Moreno Godoy

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